Executioner Zine

(23 Apr 2013)

Debo reconocer que a pesar de su larga carrera, el nombre de los cántabros Karonte no me sonaba apenas de nada, salvo por haberlo visto en algún cartel de conciertos en los últimos años, por lo que al ponerme a indagar un poco sobre este cuarteto precisamente me sorprendió encontrarme con una banda lonjeva, que ya había editado tres demos, un EP y un primer álbum entre el 94 y el 2006, y que ha compartido escenario con formaciones que han ido pasando por tierras españolas como Centinex y Mercyless, así como con varias bandas nacionales de sobras conocidas, como Avulsed o The Eyes.

Sin tener referencia alguna, me puse el CD que muy amablemente me mandó su vocalista y guitarra, Kini, y lo empecé a analizar basándome un poco en las referencias que mencionan en su hoja promocional, todas formaciones clásicas del Death Metal, como pueden ser Gorefest, Bolt Thrower, Hipocrisy, Paradise Lost, o Entombed. Y reconozco que más o menos podríamos partir de ahí para diseccionar estos ocho cortes, mayoritariamente construidos sobre unos medios tiempos pesados y dinámicos, que toman una rítmica puramente noventera con aún algún retazo Thrash en algún riff, pero donde creo que se ven especialmente reflejadas las enseñanzas de los holandeses anteriormente mencionados cuando empezaron a experimentar con su sonido (al principio de eso), con algún toque de los de Coventry en los momentos más pegadizos y rompecuellos, y a partir de ahí dejan entrar un alto grado de melodía y progresión, que no engullen la parte agresiva, pero sí le dan un toque más cercano a cuando esas formaciones clásicas y otras de su época (Carcass o Death mismamente) intentaron personalizar su sonido y adoptar influencias externas como pudieron ser el Rock setentero o el Heavy Metal, y que también me han hecho pensar muchísimo en los primeros Arch Enemy. Aquí podría llegar el momento cuando los fanáticos del Death Metal inamovible se desentienden.

Pero creo que sería un error, porque “Paraíso Sin Fe” sigue siendo un disco de Death Metal con buenos puntos a favor, especialmente en lo concerniente a las guitarras y lo progresivo de sus composiciones. Sí, hecho en falta algo más de agresividad o ranciedad en algunos momentos, lo reconozco, pero lo compensan con unas líneas de guitarra y unos solos de impresionante factura, al estilo de Boudewijn Bonebakker y Michael Amott cuando aún no habían renegado del Death Metal pero querían expresar su gusto por Thin Lizzy, Deep Purple, Iron Maiden o Judas Priest. De hecho gracias a eso es cómo consiguieron que, donde primeramente me estaba centrando en la falta de esa agresividad o oscuridad, de golpe me perdiese entre sus bellísimas progresiones y sus buenísimos riffs hasta que de golpe el disco terminó y me dí cuenta de lo rápido que había pasado. Con varias escuchas más ya fuí desgranando algunos detalles más, como pueden ser alguna parte algo más subida de tempo que recuerda a los At The Gates de la última época, a Kataklysm en “El Día de las Alabanzas”, o un corte final algo más en la línea de los Paradise Lost de la época media, sin olvidar la poderosa voz de Kini que, aunque me hubiese gustado que le metiese algo más de guturalidad (y lo hubiese podido hacer, porque va sobrado de potencia), la verdad es que aporta el toque más oscuro y puramente Death Metal de la grabación, dándole así el equilbrio que necesita y una fuerza tremenda.

Pasando ya al apartado de la producción, cabe decir que Karonte han trabajado duro para que el disco goce de un sonido realmente profesional y potente, con una sección rítmica avasalladora, y, sobretodo en el apartado solista, un acabado bastante limpio. No negaré que a mí me gusta que las cosas suenen un pelín más sucias y podridas, pero no tengo claro que ese tipo de sonido encajase con sus composiciones, porque la verdad es que da gusto escuchar cada arreglo en todo su detalle y definición. Igual la batería podría sonar algo más contundente y menos clínica, eso sí, y el bajo quizá tapa un poco a las guitarras cuando meten un par de ritmos de esos más aplastantes, consiguiendo que retumben los graves. Pero esos detalles no estropean en absoluto el buen resultado obtenido en los K-215 Studios, el estudio de grabación propio de la banda, lo cual le da más mérito.

Sin duda Karonte han hecho un trabajo concienzudo con este segundo álbum, imagino que reflejando todo lo que han aprendido y trabajado desde su anterior disco, del 2006, y creo que llegados a este punto es cuando deberían ponerse las pilas (o más bien no dejar que se gasten) y no dejar pasar el tiempo de nuevo, si pueden permitírselo, para darles continuación a las buenas ideas expresadas aquí. [7.25] Jeroni Sancho

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