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(09 May 2013)

¡Fortalecimiento abismal!

No sólo el vino se encarece y se vuelve mejor con los años, hay músicos que muestran una elevada relación entre madurez y rendimiento a medida que transcurre el tiempo, fruto del deseo de alcanzar un nivel de desarrollo superior con el que hallar definitivamente un sonido más personal que les permita cobrar una identidad mayor a su grupo. En su segundo trabajo “Paraíso Sin Fe”, los cántabros Karonte no han cometido el error de estancarse en su antiguo sonido ni dejarse influir en demasía por lo que son las corrientes más de moda dentro del death metal en este momento sino que han tenido el coraje suficiente para aportan bríos nuevos y algo de variedad a la mezcla con un sonido algo menos escabroso, equilibrándolo en todo su rango sonoro en un espectro rico en matices, revelando por primera vez un estilo propio y una madurez musical extraordinaria.

Lo primero que se aprecia, en comparación con su anterior disco “Letargo”, es la amplia mejora experimentada en lo que a producción se refiere, un cuidadoso trabajo por parte de la banda que no ha querido descuidar ni el más mínimo de los detalles. Composiciones que se perciben más profundas, sueltas y creativas, primando más el conjunto que el lucimiento personal aunque haya espacio para ello. La onda musical continua siendo la misma, metal extremo pesado y denso, con importantes atmósferas y pasajes melódicos, los cuales les difiere del aluvión de grupos del mismo corte que están saliendo últimamente. Un perfecto ejemplo de que una banda puede seguir fiel a unos principios de independencia y no por ello renegar de legítimo intento de abarcar un público más amplio.

“Paraíso Sin Fe” nos transporta a un mundo de angustia y sufrimiento, similar a la agonía de una enfermedad terminal, sonoridades cuasi extremas bañadas en unas atmósferas opresivas de extraña belleza, bien recargadas con aires angustiosos y decrépitos, recreando excepcionalmente el descenso a los infiernos de la oscuridad, de la debilidad, de la tristeza, en la que alma es encerrada en una cárcel como castigo por una culpa, debiendo experimentar dolor y sufrimiento de maneras diferentes, “La Piedad De Los Débiles”, “Repta Humano”, “Gris” y siendo liberada tras una muerte espiritual, “El Día De Las Alabanzas” o “Paraíso Sin Fe”, alcanzado una naturaleza de gozo infinito.

Un disco para comprender que no todo el monte es orégano, que hay esquemas que pueden llegar a aburrir y tal vez sondear otros territorios a veces sea beneficioso, siempre que se haga con la precisa inquietud y una notable mejora en la selección de los matices sonoros, más desarrollados, repletos de capas y texturas, siendo ligado con suma inteligencia y madurez todo lo que pasan por sus cabezas, llevando el sonido hacia una nueva dimensión, de un nivel técnico absolutamente envidiable. De continuar así, pronto se convertirán en una de nuestras mejores formaciones de death metal progresivo, aunque eso si todavía les queda un camino por recorrer.

Por Mikel García

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