neox.fm

(24 Sep 2013)

Desde arriba y con ganas, Carne abre el disco Paraíso sin Fe de Karonte, formación cántabra que sabe muy bien lo que hace. Veteranos no solo de la escena de su región, sino también del panorama nacional, llevan tocando desde el 94, y es algo que queda claro en cuanto va avanzando el tema. La guitarra se nos lleva de una manera impresionante, con un punteo interminable y de esos que hacen que hasta cierres los ojos, pero sin abandonar al grupo, ni dejarlo a su suerte. El resto de instrumentos saben perfectamente trabajar en cohesión para que no exista ningún tipo de vacío. La batería resalta cada vez más y el bajo lanza destellos muy interesantes, hasta que todo acaba desvaneciéndose en un fade, dejando con esa sensación de “quiero más”.

Y nos dan más, Mercado Infecto es el segundo corte de este álbum de ocho cortes, con letras completamente en castellano, cosa de agradecer a veces, y demostrando que por haberlo hecho en otro idioma que no sea el inglés, no tiene porqué ser malo. Es otra forma de darle una patada en la cara a los prejuicios, y aquellos “puritanos” a los que se les llena la boca con sus verdades absolutas, que luego no lo son.

Desde luego, las letras son sencillas, pero no en el sentido estricto de la palabra. Tienen la medida y las formas cogidas para que el mensaje destaque, para que se note que lo que nos transmiten es algo que sale de dentro, nada prefabricado ni escrito al empujón. De esta manera, también dejan que las partes instrumentales se luzcan, y podamos ver a qué suenan y de donde han mamado. Ellos lo afirman y yo coincido, recuerdan a Entombed, y se puede advertir un juego entre el Death y el Thrash muy claro. Eso sí, un Thrash más elaborado y menos “americano” o del estilo del revival del que a veces se abusa. Desde luego, no caen en estereotipos, y eso es genial. Yo personalmente, apoyo a todos esos grupos que luchan dentro de sus géneros por no caer en la repetición, y les aplaudo merecidamente.

Pasamos a La Piedad de los débiles. Para empezar, tengo que destacar la letra, un poco menos reivindicativa que otras de este álbum, pero de las más poéticas. Una carga emocional pura que combina a la perfección con la parte instrumental, que nada tiene que envidiarle. Es de esas veces que te planteas “si Poe, Bécquer o cualquier otro autor romántico se hubiera dedicado al metal, tendríamos cosas de estas”. No creo que haga falta que os diga lo que estoy disfrutando ahora mismo, con el disco en general, y con el punteo tan brutal que cierra el tema, un poco más corto que el resto (tres minutos y medio), que rondan la media de cinco minutos.

Falaris supone un cambio de ritmo. Lo ralentiza todo, haciéndolo más un rezo o una letanía, que una demostración de pura destrucción. Aquí es donde se hacen valer los baterías, se dice, en los temas más lentos. Y suele ser así, casi cualquier persona puede hacer un blast beat y dejarse los pies en un doble pedal, pero hay cierto arte en saber marcar milimétricamente, como un metrónomo, la batería. Eso facilita (en este y en todos los casos), las labores al guitarrista, para que sigamos gozando con punteos que vuelan, escapan, y alcanzan puntos oníricos. Yo por lo menos, me estoy dejando llevar por completo, y estoy disfrutando cada acorde, cada letra, punteo, riff, redoble… Solo lo puedo describir así: Tengo tres grupos fetiche, entre la infinidad de bandas que conozco, ellos son Agonica, Fostioner y Hyde Abbey. Karonte acaban de convertirse en el cuarto jinete de mi apocalipsis musical. Y solo llevo la mitad del disco.

Y no defraudan, ni un solo momento. Son completamente redondos, y la melodía se adapta a los conceptos que podemos leer en sus letras. Repta Humano es más marcado, algo más Thrash que Death, y te mantiene completamente en tensión esperando a que la voz haga de las suyas. Porque hasta ahora no la he nombrado, y eso es un fallo por mi parte. La voz es tan profunda y oscura como las ilustraciones del libreto. Encaja a la perfección con el ambiente sonoro que genera el resto de la banda y le da mucha más vida a las letras. No son simplemente palabras con un significado relativo a la temática y punto, la carga emocional se ve amplificada y hace mucho más agradable su escucha.

Trato de leer la letra de El día de las Alabanzas y solo me sirve para darle más vueltas cada vez que lo hago. Me gusta que una letra me haga pensar, que sea ligeramente ambigua y me obligue a ponerme en la piel del músico. De pronto me da la sensación de que significa una cosa, como tan pronto cambio de opinión. La base instrumental puede tener la culpa, también, ya que se mantiene en su línea de machacar y hacer que uno se eleve y sienta cada nota y sonido, de manera muy intensa.

Empezando desde abajo, desde un fade, y dejando que la guitarra haga la labor de introducción al resto de instrumentos, el tema que da nombre al disco Paraíso sin Fe, tiene la letra más larga y puede que la que dé el sentido a todo lo trabajando a lo largo de los otros seis temas. Pesado, contundente y aplastante, una canción que seguro que en directo hace que la gente se vuelva loca y bote… antes de subir de velocidad y hacer que boten más, y se dejen el cuello moviendo la cabeza. No me cabe duda, es carne de directo, por todo el juego que da. Me quedo con la frase “No hay maestro, no hay esclavo, no hay pecado en el paraíso sin fe”.

Y como todo lo bueno, este disco tiene un cierre. Con algo más de seis minutos (el tema más largo), Gris nos transporta a un entorno distinto. No he querido utilizar la palabra melódico para describir este álbum ni su sonido, porque cabalga entre la melodía y lo ambiental, y este tema resalta esas cualidades. Cabalga dejando esa sensación de tan libre interpretación, que nos muestra el título de la canción, con pasajes más lentos y elaborados. Y no hablo en general, me refiero a todos y cada uno de los instrumentos, todos tienen algo especial, algo singular que distingue el sonido del resto de canciones.

Es un trabajo de pura pasión, no hace falta decir más. En ningún momento suena forzado o a trompicones, ni da esa sensación de altibajos en plan “tiene algunos temas mejores que otros”. Maquinaria pesada, de principio a fin, de esos discos que entran solos y tienes que poner otra vez desde el principio, porque te han atrapado y tú te niegas a soltarte. Si no los conocíais, no les perdáis la pista, porque Karonte son una apuesta segura.

Por Eloy Suru

ENLACE